Posteado por: cibercapellania | julio 25, 2009

Misioneras de Jesús Verbo y Víctima (Anécdotas)

pejul pejul 

Presentamos los relatos de las hermanas como “anécdotas misioneras” de una trayectoria de misión en los lugares alejados, abandonados y pobres que carecen de sacerdote, según el carisma de su congregación. Las anécdotas describen la total entrega de vida en austeridad, sacrificio, abnegación y alegre servicio de las hermanas Misioneras de Jesús Verbo y Víctima (MJVV) en tierras de misión,  compartiendo sus vidas con los más pobres y necesitados.

“Sereis luz en el Señor…” (cf. Mt. 5, 14)
Nuestro trabajo es dedicar nuestra vida como misioneras a favor de los más pobres y necesitados, dedicándonos de manera especial a la evangelización y asistencia social en la medida de nuestras posibilidades. Esto lo podemos realizar con eficacia, contando con la generosidad de nuestros benefactores. De este modo venimos trabajando más de 23 años en la parroquia San José de las Tinajas, al término de lo cual podemos dar gracias a Dios por el crecimiento espiritual de nuestros fieles, no así en el orden material, por la misma situación de nuestro país.

Debido a esto en nuestras misiones podemos compartir la carencia de nuestra gente, hasta en lo elemental como son el agua y la luz. La zona de misión no cuenta con fluido eléctrico, por lo mismo no podemos hacer uso de ventiladores ni de calefacción en tiempo de invierno. Las familias acostumbran a alumbrarse con “mecheros” de kerosene o gasoil, es un pequeño frasco con una tela enrollada (confeccionado por ellos mismos) y lo usan escasamente procurando ahorrar el combustible, bien se sabe que la falta de luz es ambiente propicio para que las vinchucas se reproduzcan, pero no tienen otra alternativa. Y nosotras estamos dispuestas a compartir con ellos dicha pobreza. En nuestros largos años de misión experimentamos la alegría de poder servir a Dios en nuestros hermanos más pobres, pero también sentimos la impotencia y las limitaciones de no poder hacer algo más por ellos.

Seguimos extendiendo el reino de los cielos mediante nuestras acostumbradas misiones
Hace poco visitamos cinco comunidades para el día de los difuntos, días anteriores había llovido muchísimo, no obstante teníamos que llegar a dichos lugares, ya que nuestros fieles nos esperaban pues para ellos es este un día muy sagrado, por el afecto que los une con la persona fallecida. De modo que aún en medio del agua teníamos que llegar. Los caminos cuando llueve son pésimos, se estanca el agua por una semana o más tiempo, y al no existir otro modo de llegar a los pueblos, la única alternativa es entrar en el agua, recorriendo largos kilómetros con el temor a ser sorprendidas por alguna “víbora de agua” que no dejan de existir en estos lugares. Después de esta dura aventura que nos lleva varias horas, por fin llegamos a nuestro destino, mojadas, llenas de barro y muy cansadas como es de suponer; pero todo esto se esfuma pronto, cuando vemos que de unos ranchos ocultos, por caminos silenciosos van saliendo nuestros fieles encaminándose a la Capilla, en cuya torre se levanta una campana de bronce, la que con alegre resonancia replica una y otra vez, anunciando la visita de “Jesús Eucaristía”: ¡Dios está aquí, venid adorémosle!

Congregados todos los de buena voluntad, las misioneras nutrimos dichas almas con la predicación de la Palabra de Dios y administramos la Comunión, luego hacemos reunión con los jóvenes o con algún grupo en particular, tratando de compartir momentos muy gratos y esperanzadores para todos. Terminado el día la misionera eleva sus últimas oraciones a Jesús Eucaristía, agradeciendo por todo lo vivido, por la oportunidad de sacrificarse y dar la vida por aquellas almas, a quien Dios tanto ama.
Con el pensamiento puesto en Dios y en las almas a ella encomendadas, descansa la noche en una pieza adjunta a la Capilla, pero muchas veces, compartiendo el mismo techo de la gente, pasamos la noche durmiendo en catres, camas confeccionadas por ellos mismos con madera y cuero de vaca, ubicados a la intemperie bajo un cielo estrellado cuando hace mucho calor, o de lo contrario en una pequeña pieza, con techo de ramas, desde donde se desprenden nuestras amigas las vinchucas. Dicha habitación, generalmente, la compartimos también con algunas gallinas o patos que buscan ese lugar para poner sus huevos o pasar su período de incubación. Y a la mañana siguiente somos saludadas por unos enormes sapos que también han prestado su tiempo “para hacernos compañía durante la noche”. Pero a nosotras, como ya estamos acostumbradas, no nos causa esto extrañeza, además para un cuerpo cansado por la misión del día, llegada la noche no hay lugar de preferencia, aceptamos lo que la gente nos ofrezca: “Nos hacemos todo a todos, para ganarlos para Cristo”. (cfr. 1ª Cor. 9, 19)

“Que hermoso es que los hermanos vivan juntamente” (Sal. 133, 1)
Después de nuestras acostumbradas misiones, de haber recorrido 20 ó 30 Km. en bicicleta, o algunas veces en sulky o zorra. Después de haber dado a Jesús a los demás, a través de la palabra o de algunos sacramentos que la iglesia nos permite administrar. Después de esas arduas misiones volvemos a casa, nuestro convento.

Qué alegría de volver a encontrarnos con nuestras hermanas, en nuestra Comunidad nos esperan corazones kaiserinos, almas generosas que comparten con amable atención nuestras alegres experiencias, haciendo de este modo de nuestros recreos comunitarios una “fuente de alegría” animándonos mutuamente para seguir sirviendo a Jesús sin desmayar. Todo esto a cada una nos hace sumamente felices; una vez más podemos decir: “No hay mayor amor que dar la vida por los demás” (Jn. 15, 13). Que hermoso es ser misionera, bendita gracia que el Señor concedió a cada MJVV.

En cada lugar misión, vivimos 6 ó 7 religiosas, formando una comunidad fraterna, procurando con nuestra vida dar una razón y respuesta a todo aquel que nos pregunte sobre la excelencia de nuestra vocación. La misión la realizamos durante todo el año y siempre a partir de una vida contemplativa y comunitaria, según el espíritu de nuestro Padre Fundador: “Vivan siempre juntas y alegres”.

“Es hermoso ver bajar de la montaña los pies del mensajero que anuncia la paz” (Is. 52, 7)
En una mañana de verano, cuando el sol sale con verdadero ritmo de chacarera nosotras con nuestras bicicletas cargadas, sombrero y cantimplora emprendemos una vez más nuestros largos recorridos, visitando las distintas comunidades de la Parroquia. Algunas están a 10, 20 ó 35 Km. A las poblaciones más distantes vamos en vehículo y luego nos vamos desplazando en bicicleta, con la intención de llegar a todos. Varias horas transitamos por unas pequeñas huellas, internándonos en estos espesos montes, la mayoría son zonas vírgenes, la nota característica de estos lugares es la soledad y el silencio que envuelven a toda la naturaleza, largas horas pedaleamos en silencio, dando gracias a Dios, por el privilegio que la Iglesia nos concede al ser portadoras de Jesús Eucaristía, a quien llevamos sobre nuestro pecho en unas pequeñas píxides, El es nuestra grata compañía y fortaleza en estos caminos polvorientos o llenos de agua en tiempos de lluvia. Qué gran alegría experimenta una al ser adoradora de Jesús sacramentado en estas horas solitarias y silenciosas de nuestra misión “No estamos solas, él va con nosotras”.

Misioneras de Jesus Verbo y Victima

Vivir en este monte santiagueño es como vivir en el paraíso, ya que nuestro silencio muchas veces interrumpido por nuestras amigas las víboras, que salen a los caminos para sorprendernos, que susto al encontrarnos con ellas inesperadamente, pero todo es cuestión de acostumbrarse y perderles el miedo, porque en la misión en tiempo de verano nos vemos generalmente acompañadas por ellas. Recuerdo que un día al estar cenando en casa de una familia y después de la sobremesa, nos disponíamos a retirarnos y, al ponernos de pie, vislumbro a la luz de la luna algo enrollado, inclinándome más puedo observar a una gran víbora que había estado, desde que hora será, junto a la pata de la mesa presenciando nuestra cena… gran susto nos hemos llevado, gracias a Dios no pasó nada. También existen gigantes boas, se alimentan de animales domésticos, gallinas, cabritos, etc. perjudicando la economía de las familias. Con gran pena me contaba doña Marina un día: “Estos animales acaban con mis cabritos”, es una lástima, cuánto sacrificio tiene que pasar para criar sus animalitos y muchas veces no es para provecho de la familia.

“Sed pan partido que se da a los demás”
Nuestra misión no está limitada en el orden espiritual, también atendemos en el aspecto social en la medida de nuestras posibilidades, porque no podemos decir: “Idos en paz calentaos y hartaos, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?” (Sant. 2, 16)

Llevados de esta realidad, la caridad de Cristo nos apremia para socorrer al pobre, al indigente. Por eso atendemos comedores infantiles, como enfermeras aliviamos el dolor corporal del que sufre. Acompañamos muy de cerca en las dificultades y pruebas de cada familia. Damos cursos de educación familiar, fomentando en los jóvenes nuestros ideales de vida, cuánto deseamos que nuestros jóvenes no sean un “hachero más” de esta triste historia, sino que sepan buscar nuevos horizontes tratando de superarse.

Hace poco, hablando con un padre de seis hijos en su campo de trabajo, nos contaba todo el sacrificio que pasan y decía: “Mis abuelos han trabajado en este obraje, mi padre lo mismo, yo también, pero tanto le ruego a Dios que mis hijos sean otra cosa, ellos tienen que estudiar, salir de este monte para que su historia sea distinta”, nosotras por nuestra parte felicitamos esta forma de pensar y los animamos a poner todos sus esfuerzos para que esto se haga realidad. A nuestros jóvenes la falta de recursos les trunca, muchas veces, la posibilidad de plantearse nuevos ideales de vida, ya que se ven imposibilitados de realizarse proyectándose hacia un futuro mejor.

Monseñor Federico Kaiser
A nuestro fundador le debemos una profunda “gratitud”, ya que con su vida, predicación y escritos, trató de modelar nuestras almas, despertando una ardiente pasión por la santa Iglesia, a la que amaba tanto. El mismo decía: “Mi pasión es la Iglesia”. Nos demostró con su vida y misión este encendido amor filial que guardó a su amada esposa, la Iglesia, su misma congregación tiene su origen en este amor. El, como “buen pastor”, trabajó incansablemente por su prelatura de Caravelí, Perú, tenía una convicción muy real al decir que “cada alma vale toda la sangre redentora de Cristo Jesús” y conforme a ello obró, por eso lo vimos dando la vida en sus infatigables misiones, desde muy joven como sacerdote, y más tarde, como obispo.

El programa de su vida está cifrado simplemente en dos palabras: “Verbo y Víctima” (lema de su escudo), sus manuales. Biblia y Cruz. En dichas palabras está contenida toda la espiritualidad de su congregación, como fruto de un verdadero seguimiento a Jesús Verbo, Palabra eterna del Padre y a Jesús, Víctima de los pecadores


Responses

  1. Espero que las hermanas de Toconao se encuentren bien a pesar del desastre ecologico que acaba de ocurrir! Las gento muy presentes y les mando muchos carinos y bendiciones desde Santiago. Nos conocimos tiempo atras cuando trabajaba de fotografa para un libro del Padre Carlos Gonzalez. Con toda mi afection a todas!!!! Danièle


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: