Gracias a los benefactores

MISIONERAS DE JESÚS VERBO Y VÍCTIMA
Convento Cenáculo – Caravelí Vía Arequipa
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Cuando a mitad del año me encontraba reforzando la preparación para la Primera Comunión, Rober estaba en última fila haciendo bromas tontas y hablando fuerte en guaraní, para llamar mi atención. Juan estaba contentísimo, y con el pincel que aún tenía en mano, señalaba un cuadro, una frase que había escrito, preguntando si estaban bien las letras que había puesto, la Madre admirada por su creatividad, iba repasando la mirada por todo el contorno, de pronto reparó en unas letras que estaban en el umbral de la puerta:La guitarra compañera (Chilia / Perú)– ¿Subes sola?
– Sí Madrecita.
– ¿Qué traes en tu mula
– Las compras que me ha mandado mi mamá, para que mañana vaya a vender a Jaja.
– ¿Quién te ha ayudado a cargar la mula?
Don Perto (era el vendedor de los víveres)
– ¿Qué haces allí sentada? Ya se hace tarde y cuando subas te va a coger la lluvia.
– No Madrecita, hace mucho sol, y las piedras me queman los pies
– ¿No tienes zapatos?
– No Madrecita, mis yanquis (sandalias hechas con la llanta del coche), y mi mamá me va a comprar otros cuando venda la mercadería.
– ¿Vas a comer tomate porque tienes sed?
– No Madrecita, estoy cortando el tomate para ponérmelos en el pie para refrescarlos.

 

Hace dos años en Igatimí / Paraguay, en nuestras giras misionales íbamos visitando casa por casa y llegamos a los confines, a donde ya no había caminos, pero sí había pequeños ranchos en el interior del monte. Casi al finalizar las visitas llegamos a un rancho, aparentemente deshabitado, ardía a un lado un tronco, sobre la cual había una olla llena de yucas (mandiocas), de uno de los troncos altos de rancho pendía una paloma desplumada, era la comida.
Llamamos y solo salió a nuestro encuentro un porro esquelético que nos ladraba con furia; al poco rato, por un extremo del rancho se asomó una cabecita rubia, con la cara tiznada, le dijimos en guaraní: “Buen día niño, ¿dónde está tu mamá?, se escuchó risas de niños detrás del rancho y comentaban: “hablan guaraní y tienen vestidos largos”.

Poco a poco fueron saliendo de su escondite, los más pequeños se asustaron al vernos, nunca habían visto semejantes fenómenos. Con palabras persuasivas conseguimos su amistad; por el camino nos habían regalado huevos y un poco de porotos (judías), se los ofrecimos, poco a poco se iban acercando uno tras otro. Eran un total de seis niños, todos rubios y caritas sucias, en extrema pobreza, algunos ni llevaban ropa puesta, el mayor de los niños fue en busca de la mamá, que no tardó en llegar, era una pobre mujer escuálida, con un niño bajo el brazo y una tina de ropa en la cabeza, venía de río.

Nos invitó a sentarnos sobre unos troncos, le dijimos el motivo de nuestra visita. Conclusión: ningún niño bautizado, los padres no estaban casados, los niños no iban a la escuela, tampoco a la capilla para rezar, ni estaban inscritos en el registro civil; reinaba aquí la pobreza y la ignorancia en todo sentido, bendecimos a los niños, el rancho, la chacra. Les hablamos de Dios en una breve catequesis. Le preguntamos a la mamá qué iba a cocinar, justo lo que nos imaginábamos: yuca sancochada y la paloma también sancochada, nos ofrecimos para ayudarle a cocinar, muy gustos aceptó. Con los huevos que habíamos llevado hicimos tortillas y con la carne de paloma, y el menú fue: yuca sancochada con tortilla de paloma. Fuimos al río con los niños y aseamos a cada cara sucia; habíamos llevado jabón de tocador y al jabonarles las caritas, cerraban los ojitos y contenían la respiración. Después les secábamos caras y brazos con una toalla que también habíamos llevado.

Parecía que nunca se habían lavado y menos con jabón, uno de ellos nos dijo en guaraní: “¡huelo rico!”, y olía sus brazos. Les enseñamos cómo debían bañarse cada día, estaban contentísimos con la pastilla de jabón y la toalla que les dejamos; se hicieron nuestros amigos y nos pidieron que regresemos otra vez, les prometimos volver pronto y así lo hicimos, pues esporádicamente llegábamos a ellos llevándoles la Palabra de Dios, la catequesis la intercambiábamos con cuentos, juegos y cantos, la mamá gozaba al ver a sus hijitos cambiados. No cesaba de agradecer cuando le llevábamos algo de alimentos, fruta, ropa, manifestaba su gratitud atendiéndonos lo mejor que podía dentro de su pobreza.

Después de dos años pudimos ver el fruto: Uno de nuestros catequistas, profesor de la zona había preparado a 36 niños para el bautismo, era para agradecer a Dios el ver entre ellos a nuestros cinco niños (el sexto era muy pequeño), sencillamente engalanados, vestiditos de blanco, cada uno con una vela en la mano, después de la ceremonia, al felicitar a sus padres por haberse preocupado de que también sus niños se bauticen, era emocionante verlos llorar de agradecimiento y prometieron que el año siguiente sería la ceremonia de bodas de los papás.

Prohibido ofender a Dios (Santa Clara / Uruguay)

Algunos niños de la catequesis, de once y doce años, que ya habían hecho la Primera Comunión, decidieron formar un club, pero se les presentó el inconveniente del local donde poder reunirse; ambientaron un saloncito de 2 x 2 mts. que antes servía de gallinero. Lo pintaron con cal y escribieron en las paredes algunos avisos como: “Prohibido el ingreso a menores de once años y mayores de doce”, dibujaron banderas y escribieron el nombre de los equipos de fútbol: “nacional campeón” y “peñarol”.
– Madre, venga a mirar cómo quedó nuestro club, dijo Juan.
– Les quedó muy lindo, dijo la Madre elogiando su obra, ¡qué bonita decoración!

 

– ¿Qué significa esas letras, P. O. D.?
– Aquí dice: “prohibido ofender a Dios”
– ¡Ah! Esto es lo mejor, me alegro que lo hayan puesto con letras más grandes y vistosas. Buen testimonio de que Uds. Asisten a la catequesis. ¡Los felicito!

Para reforzar (Santa Clara / Uruguay)

Se encontraba un grupo de chicos entre 14 y 17 años jugando ping – pong en una mesa que adaptaron en el salón parroquial, era domingo, y esa tarde nos visitaría el sacerdote para celebrar la Santa Misa, estos chicos que se preparan para la Confirmación, han aprendido bien el valor del sacramento, se confiesan cada vez que llega el sacerdote, el Padre, como de costumbre, llegó una hora antes para confesar, era las 5.30 p.m.
En cuanto se les dijo: “chicos, ya está el Padre… tal vez alguno quiere confesarse”, se pasaban la voz unos a otros, pero sin dejar de jugar, alguien preguntó:
– ¿Quién va?
– Voy yo… voy yo, dijo Fefo (Federico, un chico de 15 años)
Se fue Fefo y regresó pronto, uno de ellos le dijo:
– ¡Ah¡ Fefo, ¿tan rápido?
– Sí es que casi no tenía pecados… fui no más para reforzar mi alma.

 

 

 

Estaba en clases escuchando y calificando los cantos que los niños de 1º C habían compuesto a la Virgen del Rosario, por su fiesta; cuando se presentaron tres niñas. Una de las niñas tenía una guitarra, puso el pie sobre una silla y la voz de ¡tres!, empezaron a cantar, la de la guitarra cada vez que me miraba, hacía un ¡razz! con en la guitarra. Terminó el canto y todos los niños aplaudieron, dirigiéndome a las tres niñas les dije:
– El contenido del canto está muy bien, sin embargo, solo tres ¡razz!
Hicieron con la guitarra, si la hubiesen tocado bien tendrían 20 (es la
calificación máxima). ¿De quién es la guitarra?
– La hemos alquilado.
– ¿Y saben tocarla?
– No.
– Si no saben tocar, ¿para qué la han alquilado?
Una de ellas muy apenada respondió:
– Pero Madrecita, Ud, nos dijo que podíamos ACOMPAÑAR nuestro canto con la guitarra y nos ponía 20.

Ante esta ocurrencia, no me quedó más remedio que ponerles la calificación por la cual se habían esforzado, explicándoles, después, en qué consiste el acompañamiento de un instrumento musical.

Los zapatitos de papel (Chuquibamba – Amazonas / Perú)

Bajábamos en sendas mulas, dos Madres desde nuestro convento al próximo pueblito que dista cinco horas a caballo, este pueblo es el más cercano para adquirir unos cuantos víveres y otras compras para la semana, a medida que íbamos dejado Chuquibamba, nos íbamos despojando de la ropa de lana que llevábamos puesta, pues, como Pusaq queda más cerca de la selva, su calor es intenso y el sol sofocante, al dar la vuelta por uno de los empinados cerros, nos encontramos con una niña de unos cinco años, que subía con su mula cargada de las compras que la mamá le había encargado al dueño de la tienda de Pusaq, que atienda el pedido enviado por escrito, cargue la mula y envíe a la niña de regreso con la carga.
La niña estaba sentada a medio camino de herradura, la mula comía yerbas del camino, mientras su pequeña dueña, con los pies descalzos, se entretenía cortando con una piedra filuda un tomate que había extraído de un pequeño cesto. Detuve mi mula y pregunté a la niña:

 

Bajé de la mula y a niña seguía entretenida colocándose trozos de tomate en las plantas de los pies, conmovidas las dos Madres le dimos de beber la limonada que llevábamos en una botella, le alcancé una naranja y un sandwich de atún, tomaba con avidez la limonada tratando de calmar sus sed, ahora mi preocupación era cómo iba a caminar la niña bajo ese ardiente sol, sobre candentes piedras y descalza, recordé que llevaba conmigo unos papeles, tomé los papeles y a manera de botas forré con ellos los piecesitos de la pequeña, y como llevaba hilo e rafia, que suelo tener para algún apuro, le até el papel a los pies, tejiéndole con al rafia a modo de sandalias.

Era la única manera de solucionarle el problema, pues la mula estaba tan cargada, que no había espacio para sentar a la niña sobre ella, le di unos caramelos de limón y nos despedimos de la niña, que se fue felicísima con sus extravagantes botas. Por nuestra parte las dos Madres, continuamos el camino con la idea que cuando vayamos a la ciudad conseguiremos los zapatos o zapatillas para la niña.

Seguro que si seguimos recopilando más experiencias con los niños encontraremos muchas más pero por ahora hemos considerado éstas.
Dios mediante estaremos viajando a España a mediados del próximo mes e abril el número del móvil es el mismo: +34 651 735 191 por si desean comunicarse con nosotras.

Me despido como siempre agradeciendo vuestra generosidad que ahora tiene mucho más mérito con la crisis que tenemos encima, sin embargo están demostrando su profunda generosidad. Que Dios les recompense y les de mucho más.

En Jesús Verbo y Víctima

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Madre Humbelina, MJVV

Donativos: C/C Banco Santander Central Hispano – Congregación Misioneras de Jesús Verbo y Víctima 0049-1892-62-2310521119

 

 

Carta circular
Enero – Febrero – Marzo – 2009
Nuestros muy queridos lectores de nuestros relatos misioneros, es la primera carta del año y ya han transcurrido ¡casi tres meses! qué pronto pasa el tiempo, pero qué maravilloso si lo sabemos emplear para cumplir con el fin por el cual el Señor nos ha puesto en este mundo ¿verdad?

Esta vez hemos recopilado relatos de diferentes centros misionales, experiencias que enternecen y a nosotras nos anima a seguir con más entusiasmo nuestra ardua tarea de modo particular con los niños, que como hemos titulado esta serie de narraciones, son “Nuestra esperanza para el futuro“.

Que cada uno tenga una santa cuaresma para que vivamos también la alegría pascual con Cristo resucitado.

El Niño, nuestra esperanza para el futuro

Mes de enero. Todas las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima fueron llegando de sus respectivos centros misionales a la casa Madre de Caravelí, Perú, para los ejercicios espirituales que suelen hacer cada año. Conforme se iban agregando las diferentes comunidades, esperando que fueran llegando las demás, teníamos intercambio de impresiones pastorales en los recreos de cada noche.

En uno de estos recreos se trató de nuestras experiencias con los niños de la catequesis. Dicho sea de paso, ponemos en los niños una atención muy especial, proyectándolos al futuro, con la esperanza de lograr de ellos, cristianos auténticos, capaces de defender su fe. Por ello, el niño en nuestras comunidades asiste a la catequesis desde la edad de dos años. Le hacemos un seguimiento en cada etapa de su niñez, adolescencia y adulto. Volviendo a lo del recreo, hemos gozado una hora escuchando las innumerables experiencias con los niños que nuestras misioneras traían consigo. He aquí algunas de ellas.

 

 

Yo no quiero ser malo (Ypehú / Paraguay)

Rober es un niño delgado, moreno, de ojos y cabellos renegridos. Cuando lo conocí era arisco, inquieto, travieso y pleitista. A los pocos días de empezar la catequesis lo encontré jugando a la pelota con otros niños dentro del aula. “Mejor hay que jugar afuera”, les dije. Rober dejó de jugar y se sentó. Cuando salí de un pelotazo, rompió un foco de luces, lo llamé y le hablé, escuchaba sin decir palabra y sólo movía la cabeza.

Al concluir la lección pedí a Rober se quedase para que me ayude a ordenar el aula. Lo hizo de mala gana con gran ruido de sillas y bancos. Al final le hice tomar asiento e iba contestando a mis preguntas: Venía a la catequesis sin ser obligado, sino porque él quería, vivía con su abuela que lo criaba junto con otros dos nietos, no tenía papá y su mamá vivía lejos por razón de trabajo. Le dije que debía hacer notar que se estaba preparando para recibir a Jesús en su corazón. Habló unas pocas palabras con la cabeza inclinada y se fue.

En los sucesivos encuentros se portó como un caballero, y me sorprendió con sus respuestas acertadas; a veces se quedaba para ayudarme. Sus compañeros le jugaban bromas al verlo cambiado. Pero se notaba que no le era fácil… estaba luchando.

Al finalizar el año, faltando poco para la Primera Comunión, vinieron a mí unos niños para decirme muy alarmados que el Director había echado de la escuela a Rober por mal educado y peleador. Lo había mandado a su casa y que no vuelva más, la preocupación de los niños era: ¿Cómo va a hacer ahora la Comunión? Le mandé llamar, vino a los dos días, estaba serio, como si el peso de sus once años fuera demasiado para él solo, nos sentamos y le pregunté qué había pasado, levantó la cabeza y con los ojos arrasados en lágrimas me contó, en una mezcla de castellano y guaraní, todo lo que había hecho. Me impresionó su sinceridad, no echó la culpa a nadie.

– Siempre hago las cosas mal, quiero portarme bien pero termino peleando.
Me echaron de la escuela porque el profesor no sabe qué hacer conmigo, por eso yo quiero hacer mi Primera Comunión para que Nuestro Señor me ayude. Cuando yo coma a Jesús, va a cambiar “mi suerte”, ¿verdad?

Con un nudo en la garganta le dije lo que pude y nos propusimos rezar mucho los dos, se fue pensativo.

No estuve para la Primera Comunión, me dijeron que se le veía muy feliz; además para ese día vino su, mamá. Yo ya no lo volví a ver, se fue a vivir con ella, lejos. Espero que el próximo año retorne a la escuela, sin duda que el día que recibió a “Ñandejará” (Nuestro señor), empezó a cambiar su suerte.

¡Se asustaron cuando les fuimos llevando la Buena Nueva! (Igatimí / Paraguay)

 

Publicado por Misioneras de Jesús Verbo y Víctima

Carta a benefactores (6)

MISIONERAS DE JESÚS VERBO Y VÍCTIMA
Convento Cenáculo – Caravelí – Vía Arequipa
Telf. / fax 0051 54 511002
E-mail: kaiserinascaraveli@speedy.com.pe

“Hoy nació… Salió de su soledad,
Salió de su silencio,
El Verbo Divino:
Dios de Dios,
Luz de Luz
El Salvador, el Emmanuel,
Dios con nosotros está…
Buscad y lo encontraréis”

F. K.
Carta Circular

 Misiones en NavidadEn Jesús Verbo y Víctima
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Madre Humbelina, MJVV

Octubre –Noviembre – Diciembre – 2008

Muy queridos lectores de nuestras cartas misioneras ¡Qué pronto pasa el tiempo! Si parece que sólo hace unos días en que contábamos nuestras primeras experiencias de este año y ya lo estamos culminando. Que el Todopoderoso los colme de bendiciones y habite en cada unos de vuestros generosos corazones en estas Navidades, que el Niño Jesús llene de luz y esperanzas vuestras vidas. Como siempre les deseamos lo mejor para el nuevo año.
Esta vez volvemos con nuestro relato a San Antonio de los Cobres, Salta, Argentina. Un modo distinto de celebrar la Navidad, Ojalá que disfruten!

 

Se me preguntó una vez: Madre, ¿cómo pasan ustedes la Navidad cuando salen de misiones?

La verdad es que, por preocuparnos en llevar la Buena Nueva a los pueblos más abandonados, no me había percatado de cómo pasamos nosotras la Navidad. Generalmente salimos días antes del 24 de diciembre hasta casi fin del mes, recorriendo los pueblos y hacer que “nazca el Niño” –como dice la gente- en cada uno de ellos. Por eso en un pueblo celebramos la Navidad el día 19, en otro, el 20; en otro el 21… y así sucesivamente, de modo que hasta en el más recóndito pueblito nuestra gente pueda decir: “Nos ha nacido un Niño”.

Creo que esta experiencia de Madre Serafina con Madre Valeria es una respuesta propicia a aquella pregunta: Cómo es nuestra Navidad en las misiones. Ambas habían sido recién transferidas al Patmos de San Antonio de los Cobres, en Argentina, zona que colinda con Bolivia. Madre Serafina nos narra cómo ella pasó junto con Madre Valeria, juniora que recién hacía su primera experiencia misional:

Estábamos muy animadas M. Valeria y yo, porque emprenderíamos nuestro viaje de misiones; teníamos por recorrer cinco pueblitos. Era día 24 de diciembre de 2007. Nos íbamos a Tolar Grande. Este es uno de nuestros pueblos más alejados, que del convento dista más o menos 5 ó 6 horas en vehículo. Pero si los caminos fueran buenos, las 21 curvas se hicieran derechas, y la encrucijada recta, sin subidas, serían 3 horas.

Coloqué el Santísimo en el tabernáculo portátil. Como recién hubo Sacramento de la Comunión y Confirmación en dos pueblos, puse suficiente Sagradas Formas. Salimos de nuestro convento a las 7 a.m. después del desayuno. Nuestro Señor, la M. Valeria y yo llegamos a Olacapato; avisamos que allí estaríamos el 26. Pasamos a Pocitos donde avisamos que estaríamos el 25, y emprendimos la marcha rumbo a Tolar Grande. Ya había ido una vez a ese pueblo con Madre Camila, pero no conduciendo, para mí, como chofer, el camino me era desconocido.

Eran cerca de las 11 de la mañana. Detuvimos el vehículo, tomamos algo que nos reconfortara y nos diera energía, porque calor ya teníamos bastante. Desde los 4.680 m. de altura, ya habíamos descendido bastante, estábamos ahora como a 3.000 metros. Teníamos que atravesar un salar de dos horas. Recordé que un profesor me había dicho una vez: “Cuando no conozca la ruta, con sus manos puestas en el volante, la máxima velocidad en ripio debe ser 60 Km./h., aunque usted viera o sintiera que la carretera es buena. Una vez que la conozca, ya se la domina”. Esta carretera era angosta pero larga, y a sus bordes había sólo salar, trozos, trozos mezclados con tierra y humedad. Era tan extensa que cegaba la vista; se perdía en la lejanía dando la impresión de que se unía al cielo a derecha, izquierda y de frente.

Las dos horas las hicimos rezando el Rosario y cantando al Señor. Empezó el ascenso. Recordé que en el viaje anterior, nos encontramos con un badén tan hondo que no se visualiza, y por poco no se rompió el muelle delantero del vehículo. Le conté este percance a M. Valeria, y le dije que vaya mirando para que me avise. Veía a la Madre, tan confiada, mientras yo, por dentro en completa tensión, miraba a cada instante la estampita plastificada de nuestro Padre Fundador, que pendía del espejo de la camioneta. Está la oración y su rostro sonriente. Recordaba sus palabras: “¡Siga adelante, mi Madre!”. Seguí adelante y pasamos bien el badén. Tuvimos cuidado de mirar bien para a nuestro regreso poder distinguirlo.

Empezó una media hora de camino horrible de tierra; luego 20 minutos de curvas y más curvas bien cerradas y angostas. En seguida un ascenso con curvas y curvas en U, le llaman a este tramo “la encrucijada del diablo”. De trecho en trecho había cruces que recordaban algunos accidentes. Ahora, nos hallamos en tierra plana, sin descenso ni curvas. Respiramos aliviadas. Me dije: ¡Gracias, Señor! ¡Gracias, Padre! Habrían pasado unos diez minutos y desviamos hacia un letrero que no se veía bien. Entramos. Se me vino la duda. No puede ser que hayamos llegado tan rápido. Falta una hora. M. Valeria me aseguraba que sí. Bueno, dije, vamos. ¡Que sorpresa! Un campamento abandonado. Aún estaban dos vagones de tren, en completa ruina. Se podía ver huellas de que algunos camioneros descansan ahí antes de ir a las minas que distan unas 5 ó 6 horas del campamento. Había vestigios de aceite de carro, de llantas, etc.

Como no era tiempo de transporte de mineral, estábamos seguras de que estaríamos libres de miradas curiosas. Aprovechamos para lavarnos la cara y almorzar. El sol había hecho subir la temperatura hasta 32 grados. Acostumbradas nosotras al frío, lo sentíamos con más intensidad.

Tomamos el camino de la izquierda que parecía más transitado. Era un camino desierto. Luego empezaron los cerros sin verdor. A la media hora una subida y cerros y curvas. Unas montañas que parecían unirse, quedando la camioneta entre ellas, como una hormiguita entre dos edificios. Íbamos avanzando… y ¡de pronto! ¡Qué alegría! Empezó a verse la tola (arbusto pequeño) por el camino. Los cerros iban disminuyendo de tamaño; empezó el descenso y pronto nos encontramos en tierra plana sembrada de tolas y otras plantas pequeñas de la que saca la gente ramas para cubrir sus techos. Ahí vimos un cartel grande y en forma de arco con letras de hierro: “Bienvenidos a Tolar Grande”. Ya habíamos llegado a nuestra meta.

El pueblo es pequeño, de unas 200 personas, pero figuran 400, con difuntos y nombres que al parecer, ni existieron; pero para mantener la Intendencia, viven los difuntos y sus parientes. Tiene cuatro barrios, y en cada uno viven pocas familias, casi todas venidas de los pueblos más cercanos o de San Antonio. En los barrios hay muchas casas en ruina, pues, antes estuvo muy poblada, pero una vez que dejó de funcionar el ferrocarril, la gente empezó a emigrar, y por ende, a despoblarse la zona.

Si a esta gente se le pregunta:

-¿Cómo les llega la verdura?
-El Intendente nos la trae cada quince días.
-¿Y la leña?
-El Intendente nos la trae cada semana.
-¿Y cómo hacen para su ropa?
-El Intendente nos trae lo que le pedimos.

Así. Tanto que Madre Camila nos había puesto ya al corriente, terminando con: “Sólo falta que el Intendente cocine”.

Hay nada más que dos o tres vehículos, sin embargo, tienen radio, parabólica, TV, Internet, teléfono, local donde venden combustible para vehículos, reparación de llantas, un hotel de turistas, un local amplio, un campo de foot-ball. Una escuela con dos aulas y jardín de infancia con 56 niños, la mayoría no son del lugar. El Intendente me dijo: “Madre, aquí tenemos de todo, sólo nos faltan recursos humanos.

Fuimos a la iglesia. Y vimos correr a la gente de un lado para otro. Estaban terminando de baldear el piso, éste es hermoso. La iglesia es pequeña, de unos 9 x 15 metros, de adobe; revestida de cemento, pintada de blanco, con una torre, y por fuera cubierta de piedra blanca, parece de liporita. Tiene un precioso tabernáculo, revestido de onix (el onix abunda en la zona).

Ya la gente había armado su Nacimiento debajo del altar. Era grande, y se extendía por el centro de la iglesia. Habían tenido la delicadeza de poner pastito verde, horneritos, cerros; la nieve la habían hecho de algodón. No faltaron los corralitos con sus animales (vicuñas, burros, ovejas, patitos, etc.). Ellos “hacen nacer” a Jesús nueve días antes. Le hacen su novena y los niños danzan y cantan en torno del pesebre (es la única oportunidad en que los niños danzan en la iglesia). El Misterio es de tamaño mediano. Tenían al Niño Jesús vestidito de blanco, echado en su cuna. Habían colocado las bancas de la iglesia a ambos lados, mirando hacia el pesebre. Todo conforme nuestras hermanas anteriores les habían enseñado.

Esta vez el Intendente del lugar les había prometido un juguete para cada uno si hacían bien el Nacimiento, porque llegarían las Madres. Era fiesta para ellos, pues, otras veces las Madres íbamos después de Navidad. Ahora era el mismo 24 de diciembre. Casi todos tienen los sacramentos completos. Sólo unos cuantos adultos que les falta el sacramento del matrimonio. Relativamente hacía poco que los habíamos visitado por el 8 de diciembre, habiéndolos preparado para los Sacramentos, con retiros de padres de familia, de jóvenes y niños, siendo estos últimos 23.

Culminamos con representaciones bíblicas, que lo hicieron muy bonito. Así como la parábola del Hijo Pródigo, que representaron los varones. Pensando en esto, le dije a M. Valeria:

-¿Usted cree que puedan representar el Pesebre viviente sin aprenderse el papel, así tipo estampas? Unos lee y otros hacen las mímicas.
-Yo creo que sí –me dijo entusiasmada-. Hagámoslo con niños.

Como era el último día de la novena, a las 4 de la tarde rezamos el Rosario, la novena y villancicos al Niño. Les propusimos la representación del Pesebre viviente. Se llenaron de entusiasmo y todos contentos por tenernos con ellos en este mismo día de Navidad, empezaron con los ensayos. La presidenta de la capilla se fue a buscar los disfraces en unos baúles antiguos. Sacaba mantos, alas, corona de reyes, capas y otros.

A las 6 p.m. ensayo de la Liturgia. Cómo les gusta leer, y cantar. En un santiamén M. Valeria formó su coro. A las 8 p.m. dimos el horario de Navidad por la radio. A las 8.30 p.m. cenamos y luego nos preparamos poniéndonos de gala para la ceremonia y Celebración de Navidad. Terminó la última dancita de villancico de los niños. Y M. Valeria sugirió que primero hagamos el Pesebre viviente, antes de la Celebración de la Palabra. Bueno, mientras yo daba charlas prebautismales, M. Valeria se dispuso a preparar a los niños para la presentación del pesebre viviente. Terminé y fui para ayudar a la Madre. Vi a la “Virgen” ya vestida, muy bonita. También el Ángel, los pastores… pero… San José… ¿Qué había pasado con San José? Me acerqué a M. Valeria, que estaba cerca de los narradores y de los fotógrafos:

-Madre, ¿vio a San José? ¿Qué pasó? ¿Por qué no le han puesto su disfraz?
-Ay, Madre. Llegó tarde, con las justas, y se colocó en su lugar sin avisarme antes.

¡Válgame Dios! Estaba de sport, con su camisita y su corbata; su pantaloncito elegante, como cuando recibió su primera Comunión, y una chompita azul. Y ya estaba actuando… y con bastón… Ya no se podía hacer otra cosa. Ay, de mí… esos percances del arte… Todo fue muy bonito. ¡Qué contentos estaban! Esto es lo que queríamos: Junto con el mensaje de la Buena Nueva, llevarles esta alegría navideña. Y ellos gozaron lo indecible. Lo encontraron todo novedoso. De buena gana hubiesen querido prolongar la Navidad por más días. Los niños tenían una carita radiante, porque habían tenido la oportunidad de danzar de nuevo ante el pesebre. Eran ocho parejitas de niños pequeñitos. Ellas con polleritas, y ellos con ponchitos. Al finalizar, el más pequeñito de los niños se me acercó queriéndome decir algo. Me incliné hasta su altura y me dijo:

-Madre, ¿me darán juguete? Porque he bailado bien.
-Oh, sí. Maravilloso. Muy bonito has bailado.

Le toqué la cabecita e intenté irme porque quería entregarle una tarjeta de Navidad al Intendente. Buscaba con la mirada por entre la gente, cuando el pequeño me tiró del Hábito y llamándome: ¡Madrecita! Me incliné y me di cuenta que era una niña. La habían vestido de varoncito para bailar.

-¿Me dará juguete el Intendente?
-Seguro, mi niña.
-¿Me dará muñeca o carrito?
-¿Cómo?
-Es que yo quiero muñeca.
-Seguro que te dará una muñeca.
-Es que yo bailé de varoncito.
-Ven, Vamos a verlo. Te voy a presentar al Intendente, y yo le diré que tú eres niñita.

Sus ojitos le brillaban de alegría. Se asió de mi mano y juntas nos fuimos en busca del Intendente. Éste me prometió que le daría la muñeca a la niña.

Ya estábamos solas. Y yo, buscando un lugar que no me viera Madre Valeria, me puse a preparar leche con chocolate que, sin que sepa Madre Valeria, había llevado para darle una pequeña sorpresa de Navidad a mi hermana, que añoraría la Navidad en el Cenáculo, donde se pasa en Comunidad, juntas y alegres. Busqué la forma de que no estuviera presente en mis afanes. Preparé la mesa, coloqué una estampa un poco grande de Navidad, pajitas, y puse ahí al Niñito chiquitito, una variedad de caramelos, pan dulce, y arreglé todo para una pequeña cena de Navidad.

Juntas adoramos al Niño en la iglesia, luego la llevé al cuartito que está junto a la sacristía y vi su rostro de sorpresa, pues, no se imaginaba que íbamos a celebrar nuestra Navidad en Comunidad de dos. Cantamos un villancico y nos dimos nuevamente un abrazo de saludo navideño. Luego, felicísimas compartimos nuestra sobria cena de Navidad, recordando la Casa Madre, el Patmos y otros recuerdos que nos venían a la mente con añoranza. Después pasamos a recordar los últimos momentos con la gente, cómo nos despedimos de ellos para retirarnos a celebrar juntas la Navidad. A esa hora estaría todo el pueblo cenando, porque el Intendente suele dar la cena de Nochebuena para todos. Así estuvimos un rato disfrutando de nuestra Nochebuena, y luego nos retiramos a descansar.

A la mañana siguiente, después de rezar en la iglesia, recogimos nuestras cosas y una vez acomodadas, limpiamos la camioneta porque Jesús Sacramentado iría con nosotras. Eran las 9 de la mañana. El sol bañaba con sus rayos el lugar. Todo el pueblo estaba en completo silencio. Emprendimos la marcha de regreso rezando el Rosario y las demás oraciones del día. Eran las 11 de la mañana… cuando el vehículo se detuvo en seco. Se había empantanado en la arena. Las llantas de atrás se atracaron fuertemente y a mí me daba miedo forzarlas. Detuve el vehículo y bajé a mirar… ¡Dios mío! Las llantas estaban con la arena hasta la mitad. Recordé en esos momentos que en otra ocasión nos ocurrió lo mismo, pero a unos 500 metros hubo una casa, y un señor llegó en su camioneta con palana y palos grandes, tablones y lanza ejes para socorrernos. Pero ahora, en un día como ese, 25 de diciembre, no pasaría nadie. Y si alguien pasase, no estaría en buenas condiciones, con los rezagos de fiesta.

Me puse a cavilar. Si no salía de ahí, en un camino tan angosto, no dejaría pasar otro vehículo. Y si viniera uno a toda velocidad, no podría frenar en aquella pendiente. Sacamos la gata; después de trasladar lo que teníamos en la segunda cabina al asiento delantero, no me quedó otro remedio que tirarme al piso, sin palana, sin tablones; busqué una piedra y empecé a sacar la arena. Pero cuanto más sacaba, más arena caía del otro lado. Me dispuse a sacar el vehículo con marcha hacia adelante, porque las llantas delanteras estaban libres. Todo fue inútil. Madre Valeria acomodó lo mejor posible el tabernáculo portátil que contenía el Santísimo.

Yo fijé la mirada en la estampita de nuestro Padre. Luego nos decidimos a colocar las dos la gata, subir la rueda y colocar piedras planas. Era la 1 de la tarde y aún continuábamos intentando sacar el vehículo; estábamos enterradas hasta las pestañas. En esos momentos recordaba que cuando era postulante, me pasaba algunas siestas de rodillas en Adviento para que alguna hermana que vacilase en su vocación, siguiera adelante y no se desanimara. Tal vez alguna novicia en esos momentos estaría rezando por nosotras. Estábamos completamente agotadas. Por fin logramos salir. Pero… no habíamos avanzado ni 50 metros y nuevamente nos empantanamos; esta vez más hondo. La hora avanzaba y mi temor era que llegara la tarde, hora en que corre un viento fuerte, que nos impediría colocar la gata, pues, el viento que corre debajo de la camioneta, hace levantar la arena y golpea en la cara. Madre Valeria me propuso volver al pueblo a pie. Pero… dejar el vehículo, nos llegaría la noche porque estábamos a mitad de camino. Es más, ¿quién se apiadaría de nosotros? ¿Y si viene un vehículo? Conociendo que poco se transita por estos lugares, vendría a alta velocidad…

Lo intentamos de nuevo. Nada. No me atreví a forzar la máquina. El sol estaba cada vez más fuerte. Ya llevábamos dos horas y media. Le pedí a nuestro Padre que lo hiciera por mi hermana, que ya estaba a punto de salírsele las lágrimas. Iba colocando la gata de nuevo y había conseguido una piedra más larga y plana, al mismo tiempo, absorta en mis pensamientos, iba recordando que un 24 de diciembre iba de misiones con Madre Gerarda y nos perdimos.

Pasamos la Navidad caminando en el agua con nuestra bicicleta en medio de la oscuridad. Veía en Madre Gerarda la misma expresión que ahora veía en el rostro de Madre Valeria. Caíamos con bicicleta en el agua repetidas veces, y yo me esforzaba en contarle cuentos con final feliz, unos tras otros, para que no sintiera el cansancio ni el tiempo. Terminamos completamente mojadas, y cuando calculamos que eran las 12 de la noche, nos abrazamos dándonos una feliz Navidad.

Pero ahora, en mi afán de sacar el vehículo del pantano de sal, no podía concentrar la mente para acordarme de un cuento o cosa parecida. Sólo atiné en decirle:

-¿Sabe, Madre? Voy a intentarlo de nuevo, pero en retroceso.
-Sí. Yo empujo. –Lo dijo con los ojos iluminados de esperanza-.
-Pero hágalo con todas su fuerzas.

Mirando la foto de nuestro Padre, le hablaba en mi interior: “Padrecito, seguro que quieres que el Señor reciba esto, y yo lo ofrezco para que la gente de los demás pueblos escuchen su Palabra. Encendí el motor y al mismo tiempo me vino como una luz el recuerdo de nuestra Madre. Me dije: Nuestra Madre es rápida. Seguro que hará lo posible por llevar nuestros ruegos a Dios. Debo procurar que las ruedas delanteras no caigan en el mismo lugar que las de atrás, porque si la campera del diferencial cae, allí sí que no salgo por nada. Empecé a retroceder, y vi a M. Valeria alejarse. Había avanzado, pero ya no avanzó más en retroceso. La Madre quedó a unos 150 metros y me alentaba. Pero el vehículo ya no respondía, y yo tenía temor de que se agarre el diferencial. Lo detuve, puse freno de mano porque ya estaba bien inclinado. Me bajé y vi que al diferencial le faltaba muy poco para enterrarse. ¡Dios mío! ¡No puede ser!

Me llené de angustia y en ese momento pasó por mi mente el mausoleo de nuestro Padre, las postulantes, novicias y profesas rezando por un buen viaje; hasta me parecía escuchar la voz potente de Madre Trinidad rezando con energía. Dirigí la mirada hacia Madre Valeria. Se había sentado. Seguro que le temblaban las piernas como a mí. Se aproximó la Madre y las dos sacábamos la arena en cuclillas, a veces estiradas, pero la arena quemaba enormemente.

Nuevamente tomé la gata y divisé una piedra más alta y plana. Pensé: En el cielo ya nuestra Madre llegó a Jesús. Hice como un camino para las ruedas delanteras; y Madre Valeria ya se había puesto adelante para empujar. Pero yo… estaba tan extenuada y me dolían las manos, tanto que me era difícil tomar el volante. Pedía a nuestro Padre que nos ayude para no quedarnos en ese desierto.

Encendí el motor rezando jaculatorias ofreciéndolo todo por los alcohólicos de nuestra parroquia. Empecé un poco hacia adelante, como meciendo el vehículo, y luego un poco hacia atrás. Sentí que estaba descendiendo. Madre Valeria daba saltos de alegría. Estábamos en el centro del camino y empecé a retroceder en subida, porque no había forma de dar vuelta al vehículo. Llegamos a la curva, donde recién pudimos comer algo y reír mucho, por la alegría de que ya estábamos fuera de peligro.

Llegamos al pueblo de Pocitos donde pudimos lavar nuestra ropa. Madre Valeria no tenía otro Hábito, así que le vino muy bien quedarse en la piecita a descansar un poco, mientras yo le lavaba su Hábito. Se lo merecía. Como corría un viento atroz que hacía saltar hasta las pinzas de tender ropa en los cordeles, tuve que fijar la ropa con imperdibles. Así estuvimos listas a las 7.30 de la noche para celebrar la Navidad en ese pueblito. Esta gente era más sencilla y muy pobre. Repartimos los panes dulces, la leche y chocolate que llevábamos. Celebramos con ellos la Navidad rezando y cantando mucho. Tenían un pequeño pesebre que también habían adornado con pasto verde; y un Misterio hermoso, con un Niño muy sonriente. En los otros pueblos no tuvimos dificultad, gracias a sus oraciones.

Tuvimos un viaje de regreso sin novedad. Pronto nos encontrábamos ya en nuestro Convento, esperando la llegada de nuestras hermanas que habían salido de misiones por otras rutas. Y días después, 30 de diciembre, podíamos por fin estar las siete Madres juntas celebrando nuestra fiesta de Navidad, y cada una narrando nuestras experiencias misionales, no exentas de abrumadores peligros como los que habíamos pasado Madre Valeria y yo. Después de todo, estábamos convencidas de que en esto radica nuestra felicidad: El llevar el Mensaje de Salvación a los pueblos para que nazca Dios en cada alma, y alimente su Vida Divina. Esto es lo que nos mueve a seguir adelante, sin desmayar. ¡Todo para mayor gloria de Dios! y salvación de las almas.

Pues de este modo pasamos la Navidad en nuestras muy queridas misiones. Esa es nuestra felicidad más grande de que también nuestros fieles más abandonados ya no sientan que lo son porque estamos nosotras junto a ellos.
Nuevamente les deseo ¡Una santa Navidad para cada uno! Estaremos unidos en oración en esta noche buena para que cada uno sintamos que ¡El Niño Jesús nace en nuestro corazón!

 

 

 

Publicado por Misioneras de Jesús Verbo y Víctima

Carta a benefactores (5)

Julio – Agosto y Setiembre de 2008

Muy queridos amigos lectores, de nuestras circulares:

Reciba cada uno de Ustedes un afectuoso saludo en el Señor, y a todos Bienvenidos nuevamente a las labores cotidianas después de unas merecidas y, espero, reconfortantes vacaciones, pues espero deseo de todo corazón que así haya sido para cada uno.

Esta vez nos vamos nuevamente a Argentina con un caso particular donde veremos la misericordia de Dios ante la buena voluntad y disponibilidad del ser humano para ofrecerle a Él y las personas lo mejor de sí mismo, a lo cual todos estamos llamados.

El Señor cambió su vida

Esta historia real sucedió en San Antonio de los Cobres (Argentina).

Andrea es una Señora de unos 40 años, casada con don Nicolás. Por su mal genio y su carácter impulsivo pronto fue conocida por todas las Madres. En el pueblo la conocen cómo es, y por eso nadie dice nada para evitar acarrearse problemas, incluso su esposo muy desanimado por la incomprensión y malos tratos se entregó al vicio del alcohol, y cuando iba a la Iglesia en ese estado, lloraba delante de la imagen de la Virgen diciendo: ¡esta mujer tiene la culpa!, pues era este hombre de un carácter sumiso y la esposa aprovechaba para dominarlo.

Un día Madre Serafina mientras iban en procesión con la Virgen, vio que a unos veinte metros de distancia venía un hombre de rodillas, rezando en voz alta y con mucha piedad, para ella contemplar esto era algo admirable, ¡en San Antonio, un hombre caminando de rodillas! ¡Qué penitencia!, ella sentía compasión y veía cómo el hombre se acercaba.

La gente no se interesó por él y casi no le prestó atención al pasar, pues se habían dado cuenta de su estado, se encontraba ebrio, ¡pobre hombre!

Cierto día se celebró en un pueblecito la fiesta patronal en honor a San Cayetano, donde la Señora Andrea era presidenta de la comisión de la capilla, ella un poco nerviosa aguardaba la llegada de las autoridades políticas y religiosas; y al ver que tardaban se puso al frente de la gente con las manos levantadas y casi gritando pronunciaba este discurso: ¡Todos nos han abandonado, hasta las Madres, a pesar de haberles puesto la movilidad en la puerta del Convento y esto por estar con los políticos!.

Así siguió su acalorado discurso criticando a todas las autoridades. Mientras tanto Madre Camila que acababa de llegar observaba y escuchaba todo cuanto se decía. El Señor Intendente se acercó a ella para saludarla y al mismo tiempo le dijo: ¡Nadie se ha librado de esta mujer!, ¡ni la Madres!; cuando Andrea oyó que Madre Camila estaba allí, cambió totalmente su voz y con mucha amabilidad la invitó a exhortar al pueblo alegando ella sus motivos. En realidad ya no hacía falta y como el tiempo había pasado Madre Camila invitó al pueblo a participar de la Celebración. Varios días después llevada del remordimiento de conciencia, ya que muchos le habían hecho ver que en su discurso había ofendido a todas las autoridades especialmente a las Madres, fue al Convento y pidió hablar con la Madre Superiora, y antes de saludarla le dice: ¡Madre ¿está usted enojada conmigo?, porque mucha gente seguro que le ha informado mal de mí.

Madre Camila no le dijo nada al respecto, le cambió de tema y hablándole de las cosas que hacían falta para equipar la capilla.

Cuando se dio inicio a la catequesis familiar, al ir a inscribirse nos dimos cuenta que tenía varios hijos para recibir los sacramentos, uno en primera comunión y dos en el segundo año de de Confirmación, la catequista de los padres le tenía cierto temor porque era una persona con la que no se podía dialogar, siempre problemática. La Madre encargada de la organización de esta catequesis recibía frecuentemente quejas por la inasistencia de esta señora. Cierto día la Madre la citó al Convento para hablar y poder solucionar su problema y entre muchas cosas que le dijo, le exhortó, a que usara los talentos que Dios le había dado para ponerlos al servicio de Dios y de la Iglesia y para esto era necesario una preparación en la catequesis y le dijo: “hoy la Iglesia necesita de quienes la defiendan y Ud. es un instrumento capaz”.

Con estas palabras trataba de ayudarla, esto parece que la animó y dijo que iba a hacer lo posible para asistir a su preparación.

Después no recuerdo haber recibido más quejas de la Señora Andrea, comentaba la Madre, al contrario iba al convento para justificar su falta cuando por algún motivo no había podido asistir y lo hacía con mucha delicadeza. El día que más ponía todo su empeño era el día que debía rendir su examen, y así fue como cierta vez no pudiendo asistir se acercó a una de las Madres preguntando ¿Qué puedo hacer; no he rendido el examen, Ud. podría darme una oportunidad más? Ella quería demostrar lo aprendido. Se le dio pues la oportunidad, y si bien no fue excelente en doctrina, si lo fue a una pregunta que resta:
¿Qué cambio ha producido en su vida el encuentro con Cristo? A lo que ella había respondido: “Yo he cambiado de pensar y quiero seguir conociéndole y amándole, y le prometo a Dios ir todos los días a la celebración”. Durante el retiro que se realizó en la parroquia, fue edificante su recogimiento y oración, hacía muchas vivitas al Santísimo y aunque tenía una niña de dos años no rompió su silencio.

Terminando el retiro hicimos la conclusión y fue ella la primera en dar su testimonio en el que dijo: El Señor me ha cambiado la forma de pensar, siento que Dios es todo para mí y ruego a Dios no me abandone…” todos estábamos conmovidos escuchando estas palabras pero el que escuchaba con más emoción era su esposo que con ojos brillantes de lágrimas le miraba y en su interior con seguridad daba gracias a Dios por la sucedido en ella.

La gente al ver este cambio que Dios había obrado en ella… dos padres que aún no habían encontrado padrinos para sus hijos no dudaron en elegirlos a ellos, lo que aceptaron con mucho gusto pero a la vez con asombro y preocupación, pues dijo ella: “Ahora ya no tengo que dar ejemplo sólo a mis hijos, sino también a mis ahijados”.

Para colmar su alegría el día que los niños hicieron el sacramento de la Confirmación los elegimos para que los esposos llevaran las ofrendas de pan y vino; y esto en San Antonio significa ser una persona digna ante Dios y los hombres.
Así la Señora Andrea y su esposo Nicolás empezaron a llevar una vida nueva, causando gran alegría a muchos especialmente a nosotras. Cumpliéndose lo que dice el Señor: “Hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte…”.
Estas son los casos en los que el Señor nos permite ayudar para lograr que la caridad de Cristo reine en los corazones.

Que Dios Todopoderoso bendiga a cada familia por la gran responsabilidad que tiene de cuidar y educar a sus hijos, especialmente a reconocer que Dios nos ha dado la vida y los talentos, para que se afirme en el mundo la paz, la seguridad, la armonía, alegría y el amor. Sólo así podremos gozar de todos los bienes que Dios nos ha dado. Les deseamos a cada uno de Uds. esa paz y amor que viene de Dios a los que con sincero corazón le buscan.

Que hermosas son las historias con final feliz, ¿Verdad? Pues son las que suceden frecuentemente en nuestros centro misionales y es lo que nos mantiene el entusiasmo por el trabajo en la viña del Señor.

Dos de nosotras nos encontramos nuevamente en España por dos meses. Me gustaría saber sus impresiones sobre nuestras cartas, si tal como las hacemos están bien o hay algo que podría mejorar. Tengo el mismo teléfono móvil y es el 651 735 191.

Me despido hasta pronto y no sin agradecer vuestra generosa colaboración para con nuestra obra pues sus oraciones y sus aportes nos ayudan mucho. Que el Señor que no se deja ganar en generosidad los bendiga abundantemente.

En Jesús Verbo y Víctima

Madre Humbelina, MJVV

Publicado por Misioneras de Jesús Verbo y Víctima

Carta a benefactores (4)

Abril, Mayo y Junio – 2008

Queridos amigos:

Muy cordialmente les saludamos una vez más agradeciendo su fiel apoyo para con nuestra obra misionera.
“Era un día espléndido de sol, cuando partimos de Antofagasta a las misiones, en una camioneta conducida por un chofer de experiencia. La meta era la Redonda, en las alturas. A medida que nos alejábamos del centro de misión, la naturaleza iba cambiando, e incluso el clima, luego de un buen rato de viaje el día se nubló y empezó a bajar la temperatura, poco a poco iba desapareciendo el valle hasta que nos encontramos en un desierto. Sólo veíamos cerros cubiertos de nieve y algunos riachuelos congelados. Finalmente nos detuvimos delante de un río grande, el que debíamos atravesar para llegar a nuestro destino. Y he aquí, que encontramos el primer obstáculo en nuestra misión, pues el agua del río se había congelado, todo era una capa gruesa de hielo de más o menos un metro de espesor. El conductor preocupado bajó para examinar el terreno por donde cruzar este río congelado, felizmente él conocía la zona, así podría esquivar el peligro! Empezamos a cruzar invocando a todos los santos. La camioneta parecía un bote en medio del río, pues las llantas estaban enterradas en la nieve formada por la nevada. Conteníamos el aliento, como si con solo respirar iríamos a hacer volcar la camioneta.
 Después de 30 minutos de suspense, que nos pareció un tiempo interminable, logramos alcanzar la otra orilla.

Llegada a la Redonda
Hacia las 13:00 h. llegamos a “La Redonda” y nos llevaron a la escuela donde nos invitaron el almuerzo. Mientras almorzábamos llegó la ambulancia del hospital con un personal para controlar la salud de los moradores del lugar. El médico se acercó a saludarnos, luego nos preguntó cuando sería el regreso a la Villa. Le respondimos que nos quedaríamos una semana. Admirado exclamó: “yo ni loco lo haría!”. Es muy arriesgado quedarse en este lugar con todas las incomodidades. Hermanas, ¡no van a soportarlo! ¡El frío es intenso por esta zona ya quiero verlas cuando estén de regreso, a ver si tienen la misma sonrisa de ahora”. El doctor se despidió compadeciéndose de Madre Engracia, pues era la más joven. Le prometimos ir a saludarle al regreso.
Después de almuerzo fuimos a buscar un alojamiento. Qué difícil era encontrarlo, allí la gente es pobrísima, a penas tienen lo necesario para vivir, carecen hasta de lo más elemental que es el agua. Esta es transportada en camiones-cisternas desde la mina al pueblo, y lo depositan en cilindros para abastecerse de agua.
Un depósito, como hospedaje!
Finalmente conseguimos que una familia nos prestara su almacén. Este era una pieza de adobe, rústicamente construida, cubiertas de innumerables agujeros especialmente en el marco de la puerta, por la que se colaba el frío como si fuera un ventilador. El techo era de pedazos de calamina, cuyas uniones eran incompatibles, por ellas entraban en el día la luz y por la noche el viento helado. La acondicionamos para hacer de ella nuestra habitación, procurando cubrir algo de los agujeros con papel, plástico o parte de nuestra ropa. Una vez instaladas comenzamos a visitar las familias de casa en casa. Al principio nos miraban con cierta desconfianza, pues nunca habían visto religiosas en aquella zona, poco apoco el recibimiento se hizo acogedor. Los niños comentaban en sus casas: “Mamá la ambulancia se ha ido con el personal médico y las ‘Monjitas’ se han quedado con nosotros“.
Después de avisar a las familias, el horario de la celebración del acto litúrgico, nos dirigimos a la Iglesia para preparar la liturgia. Carecen de campanas para llamar a los fieles a los actos religiosos. Cuando vieron que nosotras nos dirigíamos a la iglesia, se empezaron a reunir, tal vez ¿por la novedad? Prestaban mucha atención a lo que decíamos. Su participación en el Rosario y la Celebración de la Palabra era activa, entusiasta, pues les gusta cantar.

 

A medida que pasaban los días nos dábamos cuenta que cada vez la temperatura bajaba más y más, el viento era helado y el frío intenso. Era pleno invierno. ¡Estábamos en pleno invierno! Aquí la temperatura llegaba hasta 30º bajo cero. En este intenso frío las noches se nos hacía largas pues no podíamos conciliar el sueño, por el viento helado que pasaba a través de las puertas y de cualquier rendija, que hasta congelaba las prendas.

Al levantarnos por las mañanas, todo estaba heladísimo. Después de lavarnos las manos y la cara, éstas se ponían duras. Teníamos que hacer ejercicios para entrar en calor. Luego rezábamos juntas nuestras oraciones, tomábamos el desayuno y nos dirigíamos a la escuela, un día a medio camino de ésta, de pronto nos salieron al encuentro los animales salvajes. Furiosos venían a atacarnos. Madre Engracia tomó una piedra del suelo y la arrojó a la vicuña, ésta se alejó, pero entró en acción la llama. Ya se disponía a atacar a la Madre, cuando se oyó un griterío de niños que al vernos en peligro acudieron a defendernos juntamente con algunas personas mayores. Después de una ardua lucha lograron vencer a estos animales. Así pudimos llegar a la escuela, sanas y salvas, en compañía de los niños. San Francisco hubiera sufrido mucho al ver cómo se le golpeaba a los animales para que no nos ataquen. Claro, a nosotras nos daba pena, pero no podíamos hacer otra cosa.

Al tercer día de la misión, después de la catequesis despedimos a la gente y empezamos a arreglar la Iglesia, cuando de pronto sentimos unos ruidos estrepitosos. ¿Qué pasaba? Habían vuelto a atacar nuestros adversarios y un maestro les propinó una paliza. Este castigo sirvió para que durante el resto de la misión no nos molestasen más. A partir de ese día tanto la gente como nosotras pudimos gozar de más paz.

Vencidos ya estos enemigos, continuamos la evangelización aprovechando la disponibilidad de la gente y la apertura a la palabra de Dios. Esto nos causó gran sorpresa, ya que en la Villa Antofagasta nos habían alarmado diciéndonos que eran muy cerrados, duros y nada hospitalarios. En cambio a nosotras nos recibieron bien y nos ofrecieron de buena voluntad su pobreza.

Tal vez, ante los demás, reaccionan de modo negativo porque se sienten marginados y despreciados por ser pobres. Porque no encuentran un apoyo en las autoridades para salir de su miseria, ni siquiera hay fuentes de trabajo para salir de su postración. Se dedican a hilar la lana de la Llama y la venden en lugares turísticos, en otros casos tejen chalinas, etc. recibiendo como pago dinero o mercadería.

Cada día después de la celebración les hemos catequizado enseñándoles las verdades de nuestra fe. Y ellos atentos se esforzaban por captar la doctrina cristiana a la luz de la vela. Esta actitud nos causaba una inmensa alegría, cómo ellos eran capaces de abrir sus puertas a Dios que los visitaba, trayendo una nueva esperanza a sus hogares.

A los jóvenes logramos darles un curso de repostería. El profesor ponía los ingredientes. Ellos muy inteligentes y diligentes observaban la preparación del postre o dulce programado para el día.

El día 25 era la fiesta en honor de la Virgen de Luján. Aquel día por recordar a la patria, hicimos la Consagración a la Virgen. Realizamos un bautismo. Llegó el día de la despedida, la tristeza invadía el corazón de los fieles, para quienes una luz grande había brillado durante estos días de misión. Partimos con un frío intenso, con un viento blanco y con el corazón angustiado, la neblina era tal que no dejaba ver el camino. Nuestro plan era visitar otros pueblos pero no pudimos porque los ríos estaban congelados y era un riesgo cruzarlos. Tuvimos que tomar otro camino de regreso para poder llegar a la escuela del Salar donde nos esperaba la camioneta que nos llevaría al Convento. El camino se hizo largo y fatigoso, pues la camioneta era vieja y “se quedaba” cada cierto trecho, además el radiador estaba roto, así que constantemente debíamos llenarlo de agua y luchar con la neblina.

Por fin llegamos a nuestro Convento, que al calor de la familia religiosa, narrábamos las experiencias pasadas en las misiones. En cada una se asentuó el anhelo de querer misionar en aquel lugar más alejado de la sede parroquial, tan inhóspito y frío. Y en común acuerdo decidimos que la Redonda sería el lugar preferido, por su pobreza y el abandono en que vive la gente. Nos dijimos: si los demás les marginan, Dios se hace presente a través de nosotras.

Al día siguiente fuimos a visitar al médico, según lo prometido. Al vernos exclamó: “Ya veo, ya veo… yo no podría… No las entiendo Hermanas. Ustedes pasaron unas misiones difíciles y no perdieron su ánimo, entusiasmo y alegría. “Las felicito y admiro!”. Y a nosotras nos queda solo inclinar la cabeza, adorar y agradecer a Dios por todos los beneficios con que nos ha colmado y por nuestra Congregación que con cariño y amor ofrece su vida.

Queridos amigos lectores, esperamos que hayan gozado un poco con nuestras misiones. Como ven, cada centro de misión, tiene una experiencia diversa. Esta vez fue una cosa nueva lo de los auquénidos. No hubiéramos imaginado que dos animales fuesen un obstáculo para la paz en una misión.

Nosotras en nuestro querido Mallares seguimos avanzando, la gente sigue con su atenta y generosa disposición para recepcionar y ayudar a difundir el Evangelio.

En Jesús Verbo y Víctima

Madre Humbelina, MJVV

Donativos: Banco Santander Central Hispano – Congregación Misioneras de Jesús Verbo y Víctima
C/C: 0049. 1892. 62. 2310521119

 

 

Antofagasta de la Sierra está ubicada el norte de Argentina en la Provincia de Catamarca. Esta Comunidad se fundó en marzo del 2007.

Hacia las misiones
Madre Gloria y Madre Engracia realizaron sus primeras misiones en “La Redonda“. Este lugar se encuentra a 120 Km. del centro de Misión, al otro lado del río de los Patos, con sus parajes a unos 4.000 msnm, es habitada por unas 10 familias, quienes habitan en viviendas precarias. Hasta la misma naturaleza muestra la dureza de la vida en este desierto, donde no se ve ni un árbol y ni crece el grass o la paja. En invierno, durante todo el día, corre un viento huracanado cuyo frío traspasa los huesos. Dejemos pues a nuestras misioneras narrar sus experiencias:

Todos fueron a la Iglesia, incluso dos interesantes adversarios, que se quedaban en la puerta y a la salida atacaban a la gente. Eran dos animales salvajes: una vicuña – macho y una llama – macho. Estos juntos atacaban a la gente y eran el terror del pueblo. Como la gente les temía, para defenderse al salir a la calle llevaban palos y piedras. Un día como teníamos que dar catequesis, tardamos un poco en la Iglesia. Estábamos preparadas para defendernos de los auquénidos. Felizmente, al salir, no encontramos a estos adversarios, parece que se habían cansado y se fueron. Nosotras más tranquilas fuimos a descansar.En esta oportunidad nos trasladaremos a uno de nuestros centros misionales de Argentina, para desde allí hacerles llegar una nueva experiencia en el trabajo de la viña del Señor.

Publicado por Misioneras de Jesús Verbo y Víctima

Carta a benefactores (3)

San Rafael, 14 de mayo de 2008

Muy estimado Don Rafael:

Desde este rincón de Argentina, le escribimos (aunque un poco tarde), para saludarle por las fiestas pascuales.

En Nazaret hemos tenido algunos cambios suscitados por la nueva fundación en Uruguay de “Villa Tambores” de la diócesis de Salto. Respecto al noviciado somos las mismas pues no ha habido ningún ingreso este año y aun continuamos rezando.

El refectorio para las madres profesas, que Usted vio a medio hacer, ya está casi listo, gracias a Dios que el año pasado habíamos hecho la parte más costosa, pues nuestro país (como seguramente sabrá) está atravesando una gran crisis económica y esto a nivel de todas las cosas. Por ejemplo la carne ha escaseado en algunos meses por el problema de la exportación y rentas de los campos; así igual con los lácteos y otros como el racionar el combustible para los coches. En realidad es una gran pena, nosotros que tenemos de todo estamos careciendo como si no los tuviésemos.

Pero aun así, NO nos desanimamos, estos pequeños reveses nos hacen rezar más por nuestra patria. También no pocas veces nos hacen ofrecer pequeños sacrificios que aunque cuestan, los realizamos como venidos de la mano del Señor por “aquéllos bienhechores nuestros que siempre nos apoyan en nuestras necesidades”, es decir, por Usted y por aquellas personas que colaboran en su ardua tarea pastoral y docente.

Don Rafael, le agradecemos de todo corazón, la ayuda que nos dejó en Enero para las madres de enfermería, ellas están terminando en Agosto su carrera. Y Madre Trinidad nos dijo hace poco que nos ha enviado otro tanto. ¡Muchas gracias por su generosidad!

Toda la comunidad le recuerda con mucho cariño, y espera tenerlo pronto por aquí, (ahora todo el paisaje está de color naranja y amarillo oro, no hay duraznos pero sí hay mucho sitio en la casa para tenerlo como huésped).

Don Rafael, quisiéramos pedirle el favor de que le entregue al Padre Navarro esta sencilla tarjeta para felicitarlo por las Bodas de Plata del Movimiento, que no sé exactamente la fecha de su aniversario, (pero tenga la bondad de decirle que desde San Rafael, también les hemos tenido en cuenta con nuestras oraciones al igual que a Sergio).

Salude de nuestra parte a Carmen y a todos nuestros fieles amigos. En Jesús y María Santísima, nos despedimos de Usted con un ¡Hasta muy pronto!

Misioneras de Jesús Verbo y Víctima.

Publicado por Misioneras de Jesús Verbo y Víctima

Carta a benefactores (2)

Enero, Febrero y Marzo de 2008Que la alegría del Señor resucitado permanezca en cada uno de vuestros corazones. Este nuevo año del Señor 2008 iniciamos nuestra correspondencia pidiendo a Dios para cada uno de Ustedes muchos éxitos y abundantes bendiciones en todos sus propósitos e intenciones. Les ruego justifiquen el retraso de la presente cuyo motivo expongo a continuación.Pertenece a la Arquidiócesis Metropolitana de Piura y Tumbes, el Arzobispo es Mons. José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V. quien realizó la erección y bendijo el convento El 6 de marzo hemos fundado un nuevo centro de misiones, al que he sido destinada. Acontecimiento que me colma de alegría porque ya podré contarles mis propias experiencias que he de vivir en esta maravillosa misión.

Este nuevo centro misional se llama MALLARES, ubicado en el Departamento de Piura, al norte del Perú -a la altura de Kilómetro 1.030 de la capital-. Mallares cuenta con 6.000 habitantes sin contar los anexos (Vean unas fotos y su Localización

).
Hasta el momento es el centro de misión más extenso que atendemos.
bajo la protección de Nuestra Señora de Fátima, Patrona del pueblo, fue una ceremonia sencilla pero muy emotiva.
El Sr. Arzobispo se había informado a fondo sobre nuestra misión. Pues así lo dio a conocer a todos los presentes. Como relativamente hace poco se ha hecho cargo de la Arquidiócesis, dijo que apenas tomó posesión, las religiosas a quienes estuvo encargado Mallares, se retiraron. Para él fue una preocupación grande al ver tantas almas abandonadas solamente en esta zona, en medio de sus cavilaciones, recordó existían las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima a quienes de joven sacerdote solía celebrar esporádicamente la Santa Misa en nuestro convento en Lima. De ellas se había informado que su carisma era el apostolado directo en los lugares más abandonados y pobres. “Tímidamente -dijo- solicité a la Madre Superiora General cuatro religiosas para esta zona. Posteriormente me enteré que estas Religiosas suelen fundar en Comunidad de seis“.

 

Pese a que carecen de sacerdote residente es una zona con mucha vida parroquial, tienen buena voluntad para participar activamente, sobre todo hay buen número de jóvenes comprometidos con la catequesis, igualmente en los anexos.

El Triduo Pascual: nuestro primer trabajo pastoral. En los Oficios del Triduo Pascual, era un gusto ver la disponibilidad de la gente. ¡Qué bien se organizaron! El Jueves Santo tuvimos asistencia del sacerdote para la Santa Misa y luego la adoración del Santísimo que fue hasta media noche.

Cada media hora, se turnaban los diferentes grupos parroquiales, todo con mucho orden y disciplina.

Para observar sus costumbres, les dejamos que se pusieran de acuerdo entre los fieles de cómo celebrar el Viernes Santo. Tienen una imagen del X, como la del Santuario en Lima. Hay una hermandad encargada de esta imagen, son varones jóvenes, que cargan el anda vestidos con sus hábitos de color morado. Llevaron el anda en procesión para el rezo del Vía Crucis.

Mujeres jóvenes, entre los 18 y 25 años de edad, vestidas también con su habito color morado, y cubiertas la cabeza con una mantilla, iban incensando. El Vía Crucis comenzó a las 3.30 p.m., con un calor de 47º, y tal vez subió la temperatura a más. Era impresionante el fervor de esta juventud. Se notaba que estaban agotados del cansancio por estos caminos de Mallares tan accidentados y el clima caluroso, pero seguían adelante sin desmayar. Así continuaron hasta las 21 horas.

Mientras dos Madres quedaron en Mallares, las otras dos fuimos a Samán, anexo de unas 200 familias. Con presteza y solicitud se reunieron los fieles para celebrar las tres partes de la liturgia. Luego rezamos el Vía Crucis alrededor de la plaza. Igualmente, con mucha unción y piedad participaron todos. También aquí se destacó la fervorosa participación de los jóvenes.

Domingo de Resurrección, nuestro próximo trabajo pastoral. Este domingo 23 de marzo, iniciaremos la catequesis infantil con niños de 4 a 6 años. Nosotras gozamos con las jóvenes catequistas, quienes están muy ilusionadas esperando ansiosas el día, ya que nunca han tenido catequesis con los pequeños. En la próxima carta les contaremos los pormenores de esta catequesis y de nuestras actividades en nuestro nuevo centro misional, al que ya hemos empezado a querer con todo nuestro corazón misionero.

Queridos lectores, algo de nuestra labor, les hacemos compartir. Ahora saben el porqué del retraso de esta circular. Por el mismo motivo no realizaremos el viaje a nuestra querida España, como solemos hacerlo en los meses de marzo o abril. Este año lo haremos en setiembre, cuya fecha exacta aún no les puedo asegurar.

Desde estas tierras olvidadas de Mallares, no nos olvidamos de Ustedes, siempre pidiendo por cada uno al Señor, que los siga bendiciendo y su Bendición y se haga extensivo a los suyos. Por otra parte, pedimos a ustedes sus oraciones por esta porción de iglesia, Mallares y anexos, y que podamos cumplir con nuestro deber misionero lo mejor posible haciendo llegar el mensaje evangélico a nuestros fieles tan abandonados y alejados.

En Jesús Verbo y Víctima

Madre Humbelina, MJVV

Donativos: Banco Santander Central Hispano – Congregación Misioneras de Jesús Verbo y Víctima.

 

 

C/C: 0049. 1892. 62. 2310521119

Y se sentía tremendamente arrepentido, por lo que pronto pediría dos religiosas más.

Domingo 23 de marzo, solemnidad de la Resurrección de Nuestro Señor.

Muy Queridos lectores, de nuestras cartas misioneras.
Publicado por Misioneras de Jesús Verbo y Víctima

Carta a benefactores (1)

Julio, Agosto y Septiembre de 2007En esta oportunidad el tenor de nuestra carta será distinta a las anteriores, pues así lo requiere la última catástrofe que azotó nuestro País, me siento en la obligación de hacerlo porque he recibido cartas y mails de parte de ustedes, lo cual les agradezco mucho. Por eso a continuación narraré con más detalle lo sucedido.Desde el Centro de Advertencia de Tsunami de Estados Unidos, se alertó de la posibilidad de un Tsunami en la zona sur del Perú y norte de Chile. Con esta psicosis de pánico comenzó el éxodo en plena oscuridad, de miles de pisqueños hacia el Este. Esto motivó también muertos y heridos. Terremoto en el Perú

Eran las 6:40 p.m. del 15 de agosto último cuando casi en todo el país del Perú se experimentó un fuerte movimiento sísmico por espacio de 2,5 minutos. Momentos después supimos que el epicentro era en Pisco, puerto situado en el litoral del Pacífico, pertenece al departamento de Ica, con 160 mil habitantes. Se produjo el movimiento a 40 Km. de profundidad, siendo a superficie de una intensidad de 8º en la escala de Richter. La ciudad quedó destruida en un 97%. Es el más grave terremoto que ha azotado al Perú en los últimos 50 años y es uno de los peores del mundo desde 1990.
Esta cruda realidad se vio ahondada porque en pleno movimiento se encendió una luz que iluminó como de día ¿producido por el choque de las placas? Acto seguido se cortó el fluido eléctrico y colapsaron las líneas telefónicas en toda la zona.

Las zonas aledañas a Pisco también han sido fuertemente afectadas, sobre todo Ica, Chincha y Cañete; también Yauyos, Castrovirreyna, Huaytará, parte de Lima, Junín y Ayacucho. Hasta ahora son 140 réplicas, hasta de 5º, que sacuden esta zona. Hasta el momento se sabe que fallecidos suman 513; heridos 1.042; viviendas destruidas 35.568; viviendas afectadas 4.265

Se calcula que para la reconstrucción y rehabilitación de la infraestructura dañada, se necesitaría 377 millones de dólares. El apoyo económico del exterior asciende a 38 millones de dólares.

El Secretario de Estado del Vaticano al llegar al Perú, nos trajo el mensaje de solidaridad del Santo Padre, visitó las zonas más afectadas y dijo a los damnificados: “Hay que fundar una nueva esperanza de reconstrucción moral y material” y entregó un millón de euros. Muy sentido también fue el mensaje del Presidente de la República: “… hay que tener confianza en que Dios acompaña a nuestra Patria”.

Son 42 religiosas de nuestra Congregación que pertenecen a dichas zonas y cuyos familiares en su mayoría quedaron sin casa y sin pertenencias.

El luto nos envuelve a todos los peruanos, pero en medio del dolor se yergue la maravillosa solidaridad de tantas naciones hermanas que escuchando el grito silencioso nuestro, que pide ayuda, cumple con el mandamiento de oro de Dios: “Amen al prójimo como a sí mismos”.

También fueron afectados pueblos pertenecientes a la prelatura de Cañete en donde tenemos dos centros de misiones. En uno de los pueblos en que las casas están construidas de piedra y barro se destruyeron en su mayoría pero también han sido socorridos, gracias a Dios.

Pero dentro de todo se ha visto algo muy importante como es el mantener la fe a pesar de las duras circunstancias por las que han atravesado tantas familias, han demostrados actitudes aceptando la voluntad de Dios realmente edificantes. Seguimos rezando por los damnificados y les suplicamos también sus oraciones por esta intención.

Al igual que el año pasado, en estas vacaciones nos visitaron el Padre Rafael y el seminarista Sergio desde Barcelona, estuvieron con nosotros desde el 11 al 24 de agosto. Visitaron dos centros de misiones y nuestra Casa Madre. El primer lugar visitado fue Kañaris, ubicado al norte del Perú en el Departamento de Lambayeque, Provincia de Ferreñafe. Kañaris es un distrito que a la vez es el centro de la parroquia, desde donde nuestras misioneras tienen que atender pastoralmente a 72 anexos.

El siguiente fue Chongos Alto, ubicado en la sierra central Departamento de Junín que tiene como capital de Departamento a Huancayo. Quizá les recuerde algo estos nombres porque este centro de misiones fue visitado ya el año pasado por el Padre Rafael. Visitaron dos anexos, también los mismos del año anterior que son

Los Angeles y Santa Rosa de Pachacayoc.

De estos recorridos, quisiera contarles un acontecimiento pequeño, pero fue el que más me impresionó y pienso que a nuestros visitantes también les ha impactado: Fue cuando íbamos de camino desde Huancayo hasta Los Angeles, de pronto de una pendiente bajaba corriendo una niña de 7 u 8 años haciendo ademanes para hacer detener la camioneta en la que íbamos. Con sus brazos en alto, gritaba: “¡Espérate, espérate!”. Paramos. Se acercó a la camioneta con las manos juntas en actitud suplicante, y en tono insistente e implorante decía: “Madrecita, espérame para que me lleves a Ollumpo; voy solamente a Ollumpo, guardo mis pachos (así llaman a las ovejas) un ratito, espérame”. Llevaba en la mano una pequeña olla, que al asentirle que sí la esperaríamos, pero que se dé prisa, dio media vuelta para correr, luego se detuvo y regresó, nos alcanzó la ollita, diciendo: “Ténganmelo y pueden ir comiendo si quieren”. En seguida hizo señas a alguien para que se dé prisa, era otra niña de tres años, su hermanita, y le decía: “Apúrate que nos van a llevar a Ollumpo”. Tenían todas las ovejas fuera del corral. Mientras la esperábamos, abrimos la olla. Contenía dos panes de trigo muy duros y un poco de maíz cocido; todo muy frío, como la zona frígida donde vivía. Era lo que le había quedado de la comida. No pasaron ni cinco minutos; cuando miramos tenían ya todas las ovejas guardadas y aseguraban las tranqueras con mucho cuidado.
Luego vinieron hacia nosotros corriendo. Yo no salía de mi asombro al ver la responsabilidad, la rapidez, el pensar y el aplomo en el actuar de una niña tan pequeña. Tanta fue nuestra impresión que ninguno nos percatamos de tomarle alguna fotografía. Tardamos casi media hora en llegar a Ollumpo, pese a que íbamos a más velocidad, porque ya oscurecía. Cuando llegamos al pueblo donde tenían que bajar, se acercaron a la Madre que conducía y con las manitas juntas le dijeron: “¡Muchas gracias, Madrecita Elizabeth, muchas gracias Padrecito!”.

 

Mientras ellas se iban alejando, yo me decía: Estas niñas no tienen infancia. En otros lugares el mundo de estas pequeñas sería sólo jugar, protegidas por adultos, libres de responsabilidades como éstas, nada inherentes a su edad. Esta es la vida de los niños de nuestra sierra.

Nunca faltan en nuestras misiones dramas de una u otra forma, que no suelen suceder en la costa peruana. Son estas situaciones las que “nutren” nuestra vocación con este carisma de avocarnos a los más abandonados.

Queridos Amigos, compartiendo con ustedes una vez más nuestras vivencias, aprovecho esta oportunidad para comunicarles que en los primeros días del mes de Noviembre estaremos viajando por un mes a España para la venta de los CDs de villancicos como en años anteriores.

Que Dios bendiga copiosamente a cada uno de Ustedes, sus familias, sus intenciones, sus trabajos. Y que la Virgen Santísima los proteja en cada instante.

En Jesús Verbo y Víctima

Madre Humbelina, MJVV

Donativos: Banco Santander Central Hispano – Congregación Misioneras de Jesús Verbo y Víctima.

 

 

C/C: 0049.1892.62. 2310521119

Lamentablemente en ese momento no teníamos provisiones, sólo dos chocolates que el Padre sacó del bolso y bendiciendo a las niñas, se los dio. Cada una recibió su chocolate, como si se tratara de lo más precioso que en su vida les habían regalado. Agradecieron. Unos instantes quedamos nosotros observando que se alejaban. Iban mirando su chocolate, tan embelesadas que ni veían por dónde caminaban. Hasta que se perdieron de nuestra vista. Reemprendimos la marcha, sin duda, pensando cada uno en estas niñas, como yo lo hice: Si no hubiéramos pasado por aquel lugar, esas niñas tenían que hacer el recorrido a pie y en tanto frío. ¿A qué hora llegarían? Y expuestas a la inclemencia de esas cumbres tan heladas y solitarias.

Queridos amigos (lectores de nuestras cartas misioneras):

Responses

  1. me da muchom mgusto el ver como hay personas que consagra su vida alo señor nuestro Dios, el ver como dice filipenses 4,13 todo lo puedo en aquel que me fortalese. les mando mis oraciones en donde quiera que se encuentren, y uno calurosos saludos de parte de la iglesia de san rafael guizar y valencia y de la parroquia nuestra señora de la asuncion pozuluama ver diosesis de truxpan, que el señor los siga llenando de vendiciones austedes micioneros y a sus familiares hasta luego espero que me mrespondan hermanas en cristo jesus.

  2. quiero servr a DIOS

  3. Servir a Dios, es sin duda lo mas hermoso que nos puede pasar….es con conocimiento que debo decirles gracias por tanto bien en zonas donde verdaderamente es casi imposible poder vivir, donde todo falta,donde el peligro esta latente…solo una verdadera vocacion puede hacer posible dejar todo por Cristo….Me desempeño como docente en una zona rural de Santiago del Estero,por lo que tengo contacto con las Madres…Mi nombre Jorge Cisneros…Esc. nº 943 de San Felipe….Parroquia de Las Tinajas……

  4. Hola queridas madre citas espero que se acuerden de mi mi nombre es Luis Pelaez Lozano ñeto del Señor Britaldo Lozano espero que en sus oraciones oren por la almita de mi abuelito y por mi que los recuerda mucho como recordarlos si me daban trabajo en su jardín en el convento y con eso me compraba mis útiles gracias por todo eso y sus enseñanzas que dieron de niño un abrazo a todas y que el señor los bendiga y me gustaría que sus oraciones le pidan al señor por mi por que estoy a punto de dar un gran paso, estoy tratando de reunir a todos los paisanos CHUQUIBAMBINOS acá en Lima y organizarlos para que todos junto podamos sacar a nuestro pueblo adelante la reunión sera el 16.09.2012 es la calle Sabona 1615 urbanización Fiori San Martín de Porrez.

    Gracias de antemano y un abrazo a la distancia.


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